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Ajuda la Comunitat

  
6 Setembre 2008

El grupo que facilitó la paz en Mozambique y Guatemala

Todos los caminos conducen a San Egidio

A punta de reuniones con el presidente Álvaro Uribe y con la guerrilla, esta comunidad católica se convirtió en alternativa de mediación internacional para el conflicto colombiano. Desde Roma su vocero anuncia disponibilidad total.

 
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Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de San Egidio, le entregó a Íngrid la medalla conmemorativa del 40° aniversario de la fundación del movimiento católico romano.

Álvaro Uribe Vélez quería conocer la iglesia más antigua del catolicismo, abierta en el siglo III por el Papa Calixto I para la entonces minoría cristiana en Roma. Una vez le contaron la historia de San Egidio, el monje de Oriente que viajó a Occidente, el milagroso santo de los pobres, oró de rodillas frente al altar mayor.

Empezaba julio de 2002, acababa de ser elegido Presidente de Colombia y dentro de su primera gira internacional incluyó una visita a la capital italiana. Se había propuesto explorar en Europa las posibilidades de mediación internacional para un posible proceso de paz con la guerrilla.

Quienes fueron sus embajadores ante el gobierno de ese país, Fabio Valencia Cossio, y ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar, se encargaron de reunirlo con la cúpula de la Comunidad de San Egidio, un movimiento religioso candidatizado al Premio Nobel de la Paz y al Príncipe de Asturias por haber facilitado los acuerdos de paz en Mozambique (1992) y en Guatemala (1996). La Unesco le concedió la medalla Mahatma Gandhi.

En el cercano convento que el papa Juan Pablo II le cedió al grupo como sede, Uribe conoció a Andrea Riccardi, el historiador italiano que fundó la comunidad en 1968 con el fin de dedicarse a la caridad en favor de los pobres de Roma. Hoy cuenta con más de 50 mil voluntarios en 70 países del mundo, entre ellos Colombia.

Su influencia es tal que el presidente de Estados Unidos, George Bush, les pidió una cita durante su visita a Roma y Andrea Riccardi, el fundador, lo recibió una hora con la advertencia: “La guerra es la madre de todas las pobrezas”.

Hasta el presidente cubano Fidel Castro habló públicamente de la dedicación de estos religiosos a las víctimas de las guerras, en especial la de los Balcanes, y les ofreció mil médicos como apoyo. En España les permitieron mediar entre el gobierno y el grupo terrorista Eta. Aunque ellos lo niegan, por algo los conocen como “la ONU del Vaticano”.

Sin embargo, también ha sido blanco de críticas, como las de la curia católica en Argelia por una supuesta intromisión en los asunto de su país y por organizaciones de derechos humanos españolas tras haberse reunido en Costa de Marfil con Blaise Compaoré, llamado “el asesino de Sankara”, porque habría asesinado a sus mejores amigos para quedarse con el poder.

Aparte de sus experiencias en los conflictos de África, a Uribe lo que más le interesó de estos misioneros de los desvalidos fue cómo llegaron a Colombia hace 12 años a través de un grupo de caleños que estuvo de visita en Roma y vio en los programas de San Egidio una oportunidad para ayudar a los marginados de la capital del Valle.

Después de eso, como ha ocurrido en otros países, el gobierno de su país, la Iglesia católica y el gobierno local los autorizó para mediar en la liberación de ciudadanos italianos secuestrados. Aquí han participado en seis liberaciones.

Por cuenta de sus contactos humanitarios con las guerrillas de las Farc y el Eln, Uribe se enteró de primera mano cómo el gobierno de Andrés Pastrana acudió a los buenos oficios de San Egidio para que recibiera en febrero del año 2000 a la delegación de negociadores gubernamentales y de voceros insurgentes que entonces hablaba de paz y viajó a Europa en busca de experiencias efectivas en otras latitudes.

Esta comunidad recibió durante una semana al comisionado de Paz, Camilo Gómez, a negociadores como Alfonso López Caballero y a líderes guerrilleros como Olga Marín, Raúl Reyes, Felipe Rincón y Joaquín Gómez, y les dictó un curso llamado “Aprender el diálogo”.

Se amañaron tanto en el vecindario de San Egidio, en la zona del Trastevere, que aparte del convento iban a comer espaguetis y a brindar con licor de grappa en la Taberna Trilussa, bautizada así para recordar el seudónimo de Carlo Alberto Camillo Salustri, el más famoso poeta popular romano, cuyos versos y fábulas abundan en sátiras contra la Primera Guerra Mundial.

La experiencia le pareció tan valiosa al presidente electo Uribe que, luego de ir a Madrid a celebrar sus 50 años de vida, se reencontró con los líderes de San Egidio para otras sesiones que se realizaron en París. Para entonces ya había conocido al hombre de la comunidad con mayor experiencia en el caso colombiano. Se llama Ricardo Cannelli, tiene 48 años, es profesor de historia de la Universidad de Bari y es quien se ha internado en selvas y montañas para gestionar la liberación de secuestrados.

Entre Cannelli y Uribe hubo empatía y posteriormente los dos tuvieron una reunión privada aquí en la Casa de Nariño.

El papel de Álvaro Leyva

Hace dos años, cuando el ex ministro conservador Álvaro Leyva Durán buscó al presidente Uribe para entregarle una propuesta en pro de un acuerdo humanitario con las Farc, y entre su plan incluía la mediación de San Egidio, el mandatario ya estaba al tanto de esa posibilidad.

Leyva también es muy allegado al grupo, incluso fue su huésped en Roma durante dos meses en 2003, luego de que estuviera detenido en España acusado por un presunto enriquecimiento ilícito en Colombia por el cual, tiempo después, fue declarado inocente. Los voceros de San Egidio le pidieron intervenir ante las Farc para buscar la liberación de Íngrid Betancourt. La inclusión de las Farc en la lista de terroristas por parte de la Unión Europea afectó dichas gestiones.

Sin embargo, dentro del gobierno colombiano se mantiene la confianza en la comunidad de San Egidio. El Presidente todavía no le ha dado luz verde a la posibilidad de sus acciones porque hasta este año siempre se le dio prelación al papel de los países facilitadores: Francia, Suiza y España. Ahora, luego de la muerte de Raúl Reyes, del decomiso de sus computadores y de que el Gobierno acusara, por ejemplo al vocero suizo Jean Pierre Gontard de mantener relaciones demasiado cercanas con la guerrilla, el papel potencial de los romanos recobra vigencia.

Con mayor razón, después del rescate de Íngrid Betancourt, quien el domingo pasado oró con devoción frente al mismo altar en el que Uribe le encomendó a San Egidio su gobierno.

Las conexiones de la ex candidata presidencial con esta comunidad tienen tres razones que cada vez cobran mayor fuerza. La primera, el testimonio de su madre, Yolanda Pulecio, quien la puso al tanto de que aparte del gobierno francés de quien recibió mayor apoyo durante los seis años de secuestro de su hija fue del movimiento romano. Siempre que fue a Europa la recibieron en Roma, le ayudaron a gestionar manifestaciones a favor de la libertad de Íngrid y, en especial, se convirtieron en su paño de lágrimas.

La segunda razón es precisamente espiritual, porque ahora que la liberada dice haber sobrevivido por cuenta de su fe en la Virgen María, el domingo pudo cumplir el sueño de dar gracias frente al altar mariano más antiguo, en la Basílica con el cuidado de esta comunidad. Además, descubrió que el fundador de la comunidad, Andrea Riccardi, es, como ella, miembro de la Legión de Honor en Francia.

Dichosa participó en una cena de gracias junto con los dirigentes de San Egidio, recibió la medalla dorada conmemorativa y luego le dijo al enjambre de periodistas europeos que la persiguen día y noche que había que “abrirles la puerta política a las Farc”, “cambiar el vocabulario”, “tender puentes” para el diálogo.

Ricardo Cannelli, vocero de San Egidio, le dijo a El Espectador desde Roma que las coincidencias espirituales y de apoyo a la resolución de la guerra en Colombia consolidan un fuerte lazo entre ellos e Íngrid, y crean una potencialidad a favor de la paz que aspira a que sea valorada tanto por el gobierno de Álvaro Uribe como por las Farc (ver entrevista página anterior).

Después, ellos confían en su capacidad de persuasión a partir de lema del Evangelio de San Lucas: “Señor, incluso los demonios se nos someten en tu nombre”.

Allegados a Íngrid Betancourt creen que su papel frente a estos temas será concretado el próximo 8 de octubre, día en que leerá un discurso ante el pleno del Parlamento Europeo en Bruselas.

El ex canciller y miembro de la Comisión de Reconciliación Nacional Augusto Ramírez Ocampo, conoce en detalle el trabajo de la Comunidad de San Egidio en países como Guatemala y asegura que en este momento es la mejor opción de facilitación internacional.

“Es una de las posibles instancias internacionales —dice—. Me he reunido algunas veces con ellos aquí. Por su seriedad los gobiernos les han abierto la puerta, pero la obstinación de la guerra ha sido irreductible. Lo importante es que esa comunidad vive en permanente contacto con la Iglesia colombiana y por esa vía con la sociedad civil a la espera de manifestaciones de voluntad real de paz de parte de los actores. Para reanudar, estaría bien que el Gobierno les facilitara esa posibilidad de acercarse a las Farc y al Eln”.

Ni el alto comisionado para la Paz del gobierno de Álvaro Uribe, Luis Carlos Restrepo, ni Álvaro Leyva respondieron las llamadas de este diario en busca de sus reacciones al llamado de Íngrid Betancourt y de la Comunidad de San Egidio.

Como recita eternamente Trilussa desde un pedestal, monumento muy cercano a la Iglesia de San Egidio: Se puede acabar con una guerra cuando las partes entran en el juego que él propone en una de sus fábulas más recordadas: La sinceridad.

“Coincidimos mucho con Íngrid”

Riccardo Cannelli, vocero de la Comunidad de San Egidio y quien conoce el conflicto colombiano porque ha hecho gestiones humanitarias tanto con las Farc como con el Eln, habló desde Roma con El Espectador.

E.E.- ¿Por qué han estado tan atentos al caso de Íngrid?

R.C.- Ha sido una cercanía más que nada con la familia y con su mamá, a raíz de que no pudimos avanzar más en el tema y la liberación se dio por otros caminos.

E.E.- ¿Y su cercanía con Colombia?

R.C.- Tiene dos niveles. Uno desde Roma, que ha sido un trabajo de construcción de una red de contacto humanitario, que empezó al final de la época del gobierno de Samper. Desde entonces, a Roma llegaban delegaciones colombianas de todos los sectores de la sociedad civil y luego llegaron también de visita, durante el proceso de paz de la administración Pastrana, voceros del Eln y de las Farc.

E.E.- ¿Por qué no se sabía de la participación de ustedes?

R.C.- El gobierno nos pidió reserva y los recibimos, junto al comisionado Camilo Gómez, durante cuatro días. Estaban interesados en conocer nuestras experiencias. También asistieron por la ONU Jan Egeland y James Lemoyne. Fue a puerta cerrada en la sede de la comunidad.

E.E.- ¿En qué terminó el apoyo de su comunidad?

R.C.- Era una época muy prometedora, pero después se acabaron los diálogos y todo ha sido muy complicado, aunque nosotros hemos mantenido nuestro compromiso humanitario.

E.E.- ¿Y su relación con las Farc cómo ha sido?

R.C.- Bastante continua hasta 2002 y después no ha sido fácil el contacto, porque hubo una rigidez de la situación y mantenemos un bajo perfil. Hay que decir que no somos una fuerza política, ni una diplomacia del Vaticano, ni una ONG internacional. Somos una comunidad católica que trabaja por la paz a partir de la gente pobre y eso ha madurado nuestra experiencia de contactos con situaciones de conflicto.

E.E.- ¿La disposición para mediar está vigente?

R.C.- Podemos intervenir positivamente a pesar de que haya un marco de gran desconfianza, como fue el caso en Mozambique, pero se necesita que a la vez haya en ambas partes voluntad más o menos evidente de encontrar una salida que no sea la del enfrentamiento militar.

E.E.- ¿Han seguido viniendo a Colombia para esos contactos?

R.C.- La disponibilidad para trabajar desde nuestra comunidad es permanente. Son 12 años que hemos seguido la situación de Colombia. Viajamos con frecuencia. Ahora en agosto estuve allá estudiando y aproveché para hacer algunos contactos.

E.E.- La propuesta de su Comunidad como facilitadora la tiene el presidente Uribe por cuenta de Álvaro Leyva.

R.C.- Lo de Álvaro es cierto en el sentido de que cuando se den las condiciones para ayudar, nosotros lo haremos. Nuestra manera de trabajar es a partir de esas sinergias, no en solitario.

E.E.- ¿Esperan el visto bueno del Vaticano y de las partes?

R.C.- No es cuestión de visto bueno, porque no somos una institución del Vaticano, sino que nos reconoce con personería jurídica, pero actuamos como asociación pública de laicos. Para nosotros es fundamental actuar en concierto con la Iglesia colombiana especialmente, ya que son muy buenas nuestras relaciones con la Conferencia Episcopal y con amigos como monseñor Alberto Giraldo.

E.E.- ¿Con el presidente Uribe cómo siguen las relaciones?

R.C.- El presidente Uribe nos conoce y conoce nuestras experiencias. En París fue mi primer contacto con él y en otra ocasión en la Casa de Nariño. Él entiende qué somos y nos ha dicho: “Ojalá ustedes tengan alguna propuesta y vamos a explorarla”.

E.E.- Ahora también coinciden con Íngrid en lo de reabrir contactos con las Farc.

R.C.- Coincidimos mucho con lo que Íngrid dijo. Tenemos un gran aprecio por su experiencia espiritual, por la manera como habla después de haber sufrido el secuestro. Estamos convencidos de que aun en los momentos más duros siempre hay que reencontrar el discurso del diálogo.

E.E.- ¿Van a trabajar con ella?

R.C.- Todavía no es claro lo que va a hacer Íngrid, aunque si ella quiere centrarse en la liberación de los secuestrados y la búsqueda de una solución política al conflicto, en ese sentido también coincidimos. Lo importante es que la potencialidad está.

La comunidad en Colombia

Para acercarse al trabajo de los voluntarios de San Egidio en el país basta acercarse a dos lugares. Uno es el Parque de Las Banderas, en Cali, donde todos los viernes a las 9:00 de la noche jóvenes como Jesús Jiménez reúnen a “nuestros amigos de la calle” en torno a termos de chocolate caliente y una cesta con pan. Los acompañan, les dan alimentación y hablan con ellos para ponerlos en contacto con las entidades oficiales que pueden ayudar a su rehabilitación social. Cada cual carga bajo el brazo el libro “La palabra de Dios cada día”, la cual leen a sus protegidos.

La primera en trabajar como voluntaria fue Diana Ronderos, quien trajo la iniciativa luego de un viaje a Roma, donde desde hace 40 años velan por los pobres de la calle. Ahora en la capital del Valle hay unos 40 miembros, liderados por Gloria Florez, que también asisten a 40 niños del sector de Siloé, generalmente pandilleros o drogadictos con quienes se encuentran los viernes en la tarde para hacer actividades lúdicas. Cada 30 de noviembre, en coordinación con los voluntarios a nivel mundial, hacen una marcha en contra de la pena de muerte. La semana pasada lograron que le fuera perdonada la vida a un condenado a muerte enPakistán.

En Bogotá hay un grupo más pequeño que trabaja con niños de bajos recursos del barrio Simón Bolívar, ubicado al lado del sector de Metrópolis. Otros voluntarios hacen lo mismo en Medellín y Pasto. Desde Roma sólo reciben apoyo espiritual porque sus actividades dependen exclusivamente de la caridad. Sin embargo, en diciembre pasado un grupo de ellos viajó a Italia para “recibir enseñanzas”.

En este momento los programas de San Egidio se concentran en África, donde manejan un programa de asistencia a 60 mil enfermos de Sida en diez países. Han logrado acuerdos internacionales con industrias farmacéuticas para que donen o vendan a menor precio la medicina para los tratamientos.

En España e Italia cientos de colombianos han sido beneficiados por sus cruzadas en favor del respeto a los inmigrantes latinos, sea porque interceden para que les concedan la nacionalidad o para que al menos la tengan sus hijos nacidos allí.

Riccardo Cannelli dijo que ahora manejan un programa en Colombia de padrinos a distancia en Cali y Medellín. Menores, entre 6 y 18 años, son presentados a familias italianas que les pagan sus estudios desde allí.     


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