Comunidad de San Egidio

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a cargo de
Francesca Zuccari

 

La cena itinerante

Las necesidades de quien vive en la calle son muchas, y la primera de todas es protegerse del frío y del hambre. Socorrer a quien no puede resguardarse por la noche puede evitar que muera en la miseria.

Por este motivo, desde principios de los años ochenta, grupos de personas de la Comunidad acuden por la noche a las estaciones de trenes o en los sitios donde las personas sin techo encuentran refugio por la noche, para llevarles comida y bebidas calientes, mantas o cualquier otro tipo de confort, para protegerse del frío.

En el periodo invernal esta presencia capilar en las calles se intensifica con el objetivo de llegar especialmente a las personas más aisladas y menos capaces de defenderse de los rigores de la temperatura.

Cuando las estructuras de acogida están llenas, es ésta la única manera de proteger la vida de quien no tiene techo.

Esta presencia tiene además el valor de la visita: es ir al encuentro de quien tiene dificultades, colmando el fuerte aislamiento en el que vive.

En Roma, por ejemplo, encontramos habitualmente a unas 1000 personas en las estaciones ferroviarias y en otros puntos de la ciudad; en Génova a unas 100 y en Nápoles 120. También en Florencia, en Pisa y en Bari y en otras ciudades de Europa occidental encontramos a muchas personas sin techo en las estaciones de trenes. También en algunas ciudades del Este europeo, como por ejemplo Moscú y Kiev, donde el número de las personas sin techo está aumentando, encontramos y ayudamos en la calle a numerosos pobres, a menudo ancianos.

En África los miembros de la Comunidad ayudan continuadamente a personas que viven en la calle: niños, leprosos, mendigos. En América Latina la ayuda va dirigida no sólo a los niños de la calle sino también a grupos de familias, a menudo madres con niños, que están obligados a vagar porque no tienen casa.